Mexia

Lagunas de Mejía en el siglo XVII

Antes de que Mauricio de Romaña falleciera conversamos acerca de si estas lagunas existían o no previo al proyecto de irrigación Ensenada – Mejía – Mollendo que comenzó en la década de 1940. Algunos pensaban que no. Le adelanté en 2022 que el Archivo Regional de Arequipa resguarda documentos que transcribo por ser de interés para la historia conjunta de los distritos vecinos de Mejía y Dean Valdivia. Me alegra habérselo comentado al protector y promotor de unas lagunas que ─parece─ tienen origen prehispánico.

PAMPAS DE MEJÍA
Los vecinos de 1665 y 1672 aseguraron que las pampas de Mehea o tierras de Mejea ─así escritas─ fueron de los jesuitas. Suena discordante con el Expediente de Quialaque donde se especifica que sus tierras colindaban con la Punta de «Mexia».

Existen documentos que complementan dicho expediente publicado en este diario (15 Septiembre 2025). Aclaran que las «tierras en Tambo puerto de Chule y el olivar de Matarani en las lomas de Ilay» las heredaron los jesuitas en 1643 de Juan Gómez Chacón, igual que una extensión en Vitor que se sumó a conformar la viña de Tacar.

Distinguimos la pampa (zona baja de Quialaque) con la punta (zona monumental de Mejía – La Isla – Tiro Alto). ¿Pero por qué los expedientes jesuitas evitaron mencionar que la pampa de Mejía era suya?

Pienso que un apellido que describe una propiedad trae la percepción de riesgo de un posible reclamo posterior por supuestos herederos. Con ningún documento de archivo quedan claros los linderos de la pampa y punta de Mejía ─ni siquiera hoy sus límites lo están─, pero la cronología de los mismos hace entender que el nombre fue trasladado de la pampa a la punta, otorgándoselo al balneario. Compleméntelo con otro artículo en este diario: El Origen Virreinal de Mejía (23 Diciembre 2024).

LAGUNAS DE SAL 1665
El documento 1 demuestra que existían lagunas. No necesariamente donde se hallan las actuales. El mecanismo de formación pudo ser similar al de nuestra época: filtración de agricultura debido a un canal de regadío que partía del río Tambo a la altura de Cocachacra ─con una desviación principal en el Boquerón─ prosiguiendo al sector donde se instalaría siglos después la estación ferroviaria de La Ensenada. El trazo de este canal ─probablemente prehispánico─ se conserva. Lo emplea la Junta de Usuarios del Valle de Tambo.

Pienso que el documento las llama «lagunas de sal» porque había tierras poco trabajadas. Recordemos el Expediente de Quialaque: las tierras eran «salinosas». Similar a lo que sucede en los alrededores de la nueva y vistosa laguna en la irrigación de San Camilo donde ─por ahora─ retiran sal.

Por otro lado, en contratos de pesca del siglo XVI leemos que extraían lisas en la desembocadura del río, sector que denominaban Tingo y significa encuentro. Documentos de época hacen entender que había otras lagunas allí, en ambos márgenes del río.

LA HISTORIA PARADÓJICA
Actualmente políticos del Deán Valdivia protestan porque Lagunas de Mejía no lleva el nombre de su distrito, el cual contiene todos los espejos de agua del Santuario. Mauricio decidió inscribirlo internacionalmente así hasta oficializarlo en 1984 porque eran los veraneantes de Mejía los que frecuentaban estas lagunas. En esa época nadie en Tambo les prestaba atención como potencial turístico y menos como reserva natural. Los visionarios como él se adelantan, otros solo politizan tarde para querer ganar atención.

Bastante antes de que haya nacido el Dean (1796) y se creara el distrito con su nombre (1952), gran parte del distrito vecino ─al que sin duda agradecemos que también protejan las lagunas de todos─ se llamaba Mejía. El Santuario lleva un nombre históricamente correcto. Así se colocara sin conocer bien su origen. Mejía, es el nombre primitivo de los sectores geográficos del Conto, Motobomba y gran parte de Iberia. Incluso antes de que se le llamara Ensenada al sector.

Ello explica que los mapas y referencias iniciales del ferrocarril pusieran Mejía cerca al río Tambo. El Atlas Geográfico del arequipeño Mariano Paz Soldán de 1865 así lo muestra. Especialistas en temas marinos como Rosendo Melo, afirmaron que la punta de Mejía era el nombre de la boca del río. Tema para debatir en otra entrega.

ANÁLISIS E INTERPRETACIÓN
El abogado e investigador de archivo Julio Valdivia, el único en todo el Valle de Tambo que lee documentos de siglos tempranos, no solo encontró la relación Peralta – Chucarapi, que antes de él no estaba demostrada, sino que tuvo la cortesía de advertirnos sobre la existencia de estos dos documentos que paso a analizar.

DOCUMENTO 2, 1672: «Mejea» tiene tinta por la juntura de la j con la cedilla (o cola de ç) de la palabra «Çompañía». Un terreno de 50 topos (16 hectáreas actuales) no calza colindando con un cerro, río y mar. Más que linderos exactos parece la ubicación general. Seguramente el comprador y vendedor verían los detalles in situ, típico en sectores rurales de una época con mucho espacio y poca población. Cabe señalar que la frase «usos, costumbres y derechos… acequias…» es formalidad de la época, siempre aparece en venta de terrenos.

DOCUMENTO 1, 1665: «Por arriba» es un concepto de la época de mirar mar al Sur. El terreno de Fernández Dávila de 300 topos (100 hectáreas) tenía cerros en esa dirección y un bosque de huarangos junto a un barranco. El Boquerón no tiene esa geografía, sí la tendría la hacienda de La Ensenada colindante con los jesuitas. Advertimos ya que el nombre Ensenada se extendió.

Para tener idea, solo el Santuario Lagunas de Mejía tiene 690 hectáreas. «Divide» es una línea imaginaria referencial que se prolonga de las lomas al mar. En mi entender el cerro de Quialaque (especie de Isla) señalaba el medio del terreno jesuita. Es decir, la Pampa de Mejía se desplegaba al Sur de Quialaque. «Rio» está corregido, quizá se intentó dictar al escribano algo diferente como acequia o aguas del río. Igual que el anterior documento, solo se puede intentar dibujar un terreno lógico si se toma como ubicación genérica. No parece que esta heredad (equivalente al 15% del Santuario) haya colindado con el río.

MEHEA, MEJEA, MEJIA
No hallo voz andina que se parezca a Mehea, pero en euskera o vasco significa: lo fino, delgado, ligero, lo poco profundo. Tampoco hallo precedentes en el Mundo de llamar mehea a un lugar geográfico.

Como vimos en artículos anteriores, el apellido Mejía estuvo en el siglo XVI entre Tambo y Chule. La pronunciación de residentes nativos con influencia puquina pudo caracterizarse por vocales abiertas como Mejea. En papeles iniciales no escriben Chucarapi, sino Chucarape, tampoco fue Catarindo, sino Catarendo.

Al abandonarse la zona el año 1600 ─tras la lluvia de ceniza que inhabilitó todo Chule─, pienso que los jesuitas (o los vecinos en general) tomaron el nombre de pobladores indígenas escribiendo lo que escucharon: mejea.

Recordemos que en los testimonios del Expediente Quialaque redactan: Gialagi, Qualaqi, Qialaqui, cuando entrevistan a tres hablantes de español. A muchos pueblos y apellidos en el Perú les sucede similar.

ENSENADA E IBERIA
La Hacienda original de La Ensenada, la del siglo XVII, estuvo en el sector donde construyeron la estación de tren en el siglo XIX, zona donde llegaba el canal colonial. Como otros casos de migración toponímica en Islay, el nombre comenzó a expandirse hacia Quialaque a inicios del siglo XX cuando se prolongó el canal con maquinaria. Razón por la que en planos del 1900 vemos parte de la Pampa de Mejía como Ensenada.

Lo mismo ocurrió con Iberia, nombre que observamos en la década de 1920 como hacienda y pastizales de la familia Talavera que pasaron a la empresa textil algodonera Duncan Fox cuyo administrador fue Luis Jordán. El sector originario de Iberia estaba entre La Puntilla (extremo Sur de La Ensenada) y el Mar. El nombre creció hacia el Norte desde que se propuso irrigar las «Pampas de Iberia» como proyecto político en la década de 1960.

Hoy muchos consideran que Iberia es parte de la Ensenada y que colinda por el lado del mar con el Santuario. Pero en siglos pasados gran parte de lo que hoy es llamado Ensenada o Iberia se nombraba Mejía, que si gusta lo pronunciamos Mejea o Mexia.

Artículo: Lagunas de Mejía en el siglo XVII, punta, pampa, ensenada, iberia y mehea, por Rodrigo Llosa, Diario EP, Arequipa, 29 Septiembre 2025, p. 7 – 8


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