Mexia

Sorda pero no muda, navegación deportiva en Islay

Navegar está en el ADN de esta provincia arequipeña. Desde los pescadores en balsas chiribaya que apodamos camanchacas, como la niebla, pasando por las naos españolas de ese puerto desaparecido de Chule, hasta nuestros días en que se mantienen efervescentes las discusiones marítimas como Corio. 6 minutos de lectura

LOS EXTRAORDINARIOS 1960
Esa década vino una oleada interesante proveniente de Mejía. En 1962 cuatro familias se juntaron para comprar La Viole en Lima, un bote familiar con motor fuera de borda que llevaron a Matarani. Fueron: Jorge Jenkins, José Ricketts, José Rey de Castro y Eddy Bedoya.

Al año siguiente apareció el velero llamado El Peregrino del arquitecto Luis Felipe Calle quien restauró el Molino de Sabandía. Años luego lo adquirió Oscar Arteta Pino quien navegó con él. Ambos quisieron crear un club náutico en Mejía llamado Kontiki intentando comprar un terreno en la segunda playa, allí donde Percy Tapia propuso alguna vez un muelle.

Ernesto Valcárcel salió con un velero con camarote. Tuvo una tienda de variedades llamada Cidelsa donde se hallaban trenes eléctricos de juguete y avioncitos de aeromodelismo. Ernesto Von Wedemeyer navegaba también esa década. Formaron sociedad Herbert Ricketts, Jaime Castañeda, José Vizcarra (Quepo), Alfonso Chirinos y José Portugal (Cholo) para comprar un bote llamado Chungungo. El tío de Quepo administraba Matarani.

Ricardo Olivares Barclay apareció con otro velero, aunque duró poco. Michael y Anthony Michell compraron una embarcación que llamaron Champis, apodo que también tuvieron ellos.

Alrededor de 1967 José Rey de Castro y Enrique Alcázar construyeron un bote llamado Azor. Excelentes carpinteros en su tiempo libre, pero los intrépidos en salir al mar fueron Jorge Jenkins y Eddy Bedoya, rápidamente reemplazados por sus hijos Alejandro Jenkins (Aleco) y Gonzalo Bedoya, amigos cercanos desde niños, que a los 18 salían solos a navegar.

LA RELACIÓN CON EL TITICACA
He repetido muchas veces la probable relación entre Chule y Juli. Es lógica y se sigue ejemplificando en la actualidad. El grupo que compró el Chungungo, envió a José Portugal al altiplano a adquirir el llamado Estacionario. Alrededor de 1970 Gonzalo consiguió en el lago El Erizo.

Sorda pero no muda, diario Prensa Regional, Lunes 18 Mayo 2026

CONTINUIDAD
En los 70s aparecieron en la escena marina Arnaldo Mejía Panizo y luego su amigo médico, Carlos Galdo Cabieses con un falucho. Miguel Mejía, hijo de Arnaldo, continuó con las embarcaciones deportivas adquiriendo la suya en la década de 1990 cuando se incorporaron Guillermo Mannheim (Billy) y Carlos Corso Bustamante. Los tres últimos tuvieron la gentileza de hacerme conocer algo de ese fascinante mundo caletero.

LA SORDA
Ya en el 1800s se le llamaba así por no tener oleaje. En 1908 la Pacific Steam Navigation Company construyó un varadero y un taller moderno para reparar lanchas de carga en el transporte de bienes y personas entre el muelle de Mollendo y los barcos detrás del tumbo. Una caleta al costado, llamada Chiguas, tenía la misma función para la compañía Grace. Hubo rieles que desplazaban los lanchones de hasta 18m de largo capaces de hacer flotar una locomotora.

En 1988 el Gobierno cedió La Sorda a la Marina de Guerra y esta la dio en concesión por 20 años al Club Náutico Grau que ya se formaba desde la década anterior. La ficha registral 83259 en Islay del mismo año condiciona a la Marina a emplear las 6,6ha con fines de defensa nacional, quedando revertido al dominio del Estado en el momento que se le haya dado fin distinto. Razón por la que políticos de la provincia pidieron en 2017 que se ejecute para ser abierto al público. Las últimas imágenes de visitantes veraniegos son de entonces.

El Club que tuvo tiempos de apogeo, con fiestas y alguna boda, ya no opera, sus instalaciones sociales fueron destruidas como aparece en la fotografía actual. Las otrora buenas relaciones entre la Marina y el Club se terminaron, como mucho en el Perú, por mal manejo de emociones. No lo juzgo.

EL CLUB NÁUTICO GRAU
Tuvo como uno de sus principales impulsores al ingeniero Percy Tapia junto con los empresarios alpaqueros Michael y Anthony Michell (Tonny), largos años presidente del Club. Apoyaron los mollendinos Flanagan (de la agencia Donnelly) para los contactos con capitanía de puerto. El camino vehicular lo hizo Enrique Olazábal. Ampliaron la caleta con dinamita, construyeron cobertizos para botes e instalaron una grúa pluma.

Percy y Anthony tuvieron una embarcación en sociedad que luego adquirió Mannheim. El club náutico tuvo como 30 socios, varios de los ya mencionados y otros como Ricardo Sahurie, José Chirinos, Derek Michell, Javier Romaña, Ricardo Núñez, Luis Felipe Abusada, Mario Giannini. Y aunque no todos tuvieron lanchas tipo yate, hubo una docena en la caleta que solían visitar Honoratos, La Guata, Ancupita (La Aguja), San José.

Algunos dicen Akumpita, pero en quechua anccu pita sería pita dura o fibrosa. Si acaso distorsión de hanccupita: pita verde, por madurar. Mucho aracanto en algunas caletas, los motores de los botes podían atascarse por lo que parecía buena idea comprar un velero, lo que hicieron Bedoya, Mejía y Mannheim, aunque no les fue bien por falta de viento en La Sorda. Lo mismo opina Oscar Arteta tras la experiencia de su primer velero traído de Estados Unidos; su hijo Octavio fue instructor en California. El sitio de vientos favorables: alrededor de la caleta San José.

ARANTAS
Oscar intentó denunciar el sitio de Arantas al que llegaban por mar. Ya que aún no había camino en la década de 1980, alguna vez llegó trajinando tras dejar la camioneta en una mina abandonada llamada El Cimarrón ubicada en una quebrada que conecta con la pampa de La Joya. Junto a sus amigos no concretaron realizar una urbanización con un club de yates. Otro grupo formado por Alfredo Roberts y Duilio Vellutino fomentaron el sector y la caleta se tornó popular.

PARA LA HISTORIA FUTURA
El abogado empresario Marco Gutiérrez Ampudia intenta generar un club náutico en las lomas de Jesús, pero están al pairo, aún no prendió el extraordinario fenómeno de los 60s. Aunque parece probable que sucederá.

De la treintena mencionada que navegaron, solo dos no veranearon en Mejía: Calle y Valcárcel. Actualmente salen de Matarani: G.Bedoya, D.Michell, G.Mannheim, M.Mejía, C.Corso, LF.Abusada, Renzo Cárdenas. Van a pescar o, en verano, a caletear con amigos. En general estas embarcaciones suelen tener de 5 a 7 metros de largo por 2 de ancho, pesan entre 1 a 2,5 toneladas. La velocidad de crucero es de 26 km/h, pero pueden alcanzar 80. El motor fuera de borda tiene una potencia entre 150 a 250 hp.

Artículo: Sorda pero no muda, la navegación deportiva en Islay, por Rodrigo Llosa, en Diario Prensa Regional, Lunes 18 Mayo 2026, p.14


Suscríbase a Mexia

Reciba sin costo nuevos artículos en su correo electrónico. Confirme el correo que recibirá.