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SWINGLEHURST

Swinglehurst Islay Arequipa 1860

Pasó desapercibido en los libros arequipeños como «Arequipa y los viajeros» el comerciante, textilero, minero y narrador inglés Henry Swinglehurst Jelph (1820 – 1895). No solo amerita incluirlo por las meditaciones que hace de la geografía de Islay que es parte de la región, sino por la profusa descripción del mercado mistiano, en ese 1860 que es lo mismo decir entre las visitas de Markham y Raimondi. Además de haber narrado la historia de contrabando de alpacas bolivianas a Australia. 5 minutos de lectura y extensión biográfica final

PRIMER VIAJE, MARZO 1859
Henry llegó al puerto de Islay preocupado por la braveza marina. Debía realizar un trasbordo con equipaje a medianoche con su esposa Jane y sus 5 hijos (tres niñas de edades 12, 2 y 1, y dos niños de 6 y 9 años). Luego pasar a tierra atravesando el muelle y una pendiente pronunciada hasta el pueblo donde vieron algunas casas al borde mismo del precipicio.

Los atendió a cenar el agente de vapores Patricio Gibson cuya esposa e hijos eran «tan escoceses y amables como él». Allí Henry lamentó la dificultad para desembarcar en esa costa escarpada «extremadamente salvaje». En sus palabras: «Saltar a una escalera desde un bote en un mar agitado no es fácil […] los escalones pueden estar un instante fuera del agua, y cuando uno está listo para saltar, pueden estar sumergidos». Algunos pasajeros se sujetaban o enrollaban en una cadena.

¿ARENA FINA, POLVO O CENIZA?
Había que aguardar días a que el barco zarpe. Además, les esperaban 75 de viaje hasta Inglaterra. En un paseo por las lomas, su hija mayor, Jemima, vistió a los niños de negro «y después de una hora de camino, estaban literalmente perdidos en el polvo». Fina y blanca harina que le dijeron era ceniza volcánica y no lo creyó. En un segundo viaje al Perú se convencería.

Fue a ver una cueva 9 metros sobre el nivel del océano compuesta de pequeños guijarros. «Constituye una prueba concluyente de que el mar está ahora más bajo que antes en esta costa».

SEGUNDO VIAJE, SEPTIEMBRE 1860
Al siguiente año retornó al Islay de 1500 habitantes. Esta vez solo. Fue a la aduana y luego informó al gobernador sobre su llegada para evitar se le vinculara a los movimientos de revolución. También se hospedó donde Gibson. «Don Patricio no tenía ni un hueso egoísta en su cuerpo».

Swinglehurst Islay Arequipa 1860
Ubicación del puerto extinto de Islay en 1860 (actual Matarani)
imagen del libro Silver Mines de Swinglehurst

RUMBO A AREQUIPA
Se puso unas botas Wellington, espuelas de plata, polainas largas de gamuza, un poncho de vicuña y guantes de castor. Luego de un desayuno ligero, partió a caballo con su guía, un indio con poncho. Para el camino: sándwiches y coñac.

Debajo de las sillas de montar, frazadas para evitar la fricción en el animal, y sobre la montura, piel de oveja para el jinete. Un viaje por el desierto «avanzando en zigzag por las laderas de barrancos, hundidos hasta los tobillos en el polvo […] a menudo por un sendero no lo suficientemente ancho para que pasen dos mulas».

PRIMER Y SEGUNDO TAMBO
Entendemos que no tomaban siempre el fondo de lo que llamamos Guerreros. Encontró un oasis de cien olivos junto a seis chozas de palos, cañas y esteras dispuestas como descanso para convoyes de mulas. Cada choza se protegía de ser mordida por las bestias de carga con una zanja de un metro de ancho y otro metro de profundidad.

Al llegar al descanso en el desierto y ver las montañas nevadas, escribió que aquella vista servía para que Dios enseñara humildad. Recordó la fiesta cristiana de Islay que le pareció manifestación bárbara por los danzantes vestidos de diablo a la vez que rezaban y bebían chicha en medio de petardos. Como protestante pensó antinatural mezclar diversión y oración.

MÉDANO HUMANO
Llegó a imaginar que si moría en el desierto podía originar un médano. Se formaban incluso con pequeñas piedras que retenían y acumulaban las partículas del viento. Vio en un tambo cómo esa arena les era suficiente para lavar ollas. Durante toda la ruta se dedicó a observar minerales.

Swinglehurst entre Islay y Arequipa, Prensa Regional, 22 Junio 2026

TERCER Y CUARTO TAMBO
Una estancia de madera, rodeada por un pircado de piedra, era atendida por un inglés y su atractiva esposa nativa con sus tres hijos de ojos azules rodeados de animales. Traían forraje y agua a 8 leguas para llenar dos barriles. Henry tomó un chupe. 6 leguas delante, otro tambo, donde cayó agotado en la noche imaginando un ferrocarril. Faltaría una década para cumplir el sueño.

VALOR ANIMAL
En el quinto tambo encontró un colchón viejo y una almohada sucia. Puso su poncho sobre la almohada. El indio no pudo encontrar agua para los caballos. En ruta Henry se conmovió con uno ajeno. Inmóvil, como una piedra en el desierto, esperando la muerte.

«Pobres mulas mártires, han perecido por miles desde que llegaron a este país. Han sido aliadas con los asnos para transportar las exportaciones: lana para ropa, corteza para los enfermos y metales para los comerciantes británicos, y no reciben ningún agradecimiento […] Se hunden exhaustos y los arrieros les desatan la carga y los dejan morir, pues no pueden ayudarlos. Se acuestan y exhalan su último aliento, y el único monumento erigido por su desdichada memoria es el de sus propios huesos».

EL MERCADO AREQUIPEÑO EN 1860
Se hospedó en la casa comercial Gibbs donde fue atendido por la familia Renny. Para él la catedral y toda la ciudad estaba construida de lava. Encontró el mercado en la plaza. Lo describe como una docena de filas de comerciantes al aire libre. Primera fila, dividida entre vendedores de carne seca y madera. Segunda fila: carne fresca, sobre todo cordero. Luego vendedoras de varios tipos de papas. Otras de ají, cebollas y vegetales. Siguiente fila: maíz, menestras y cereales. Pasó por mujeres que vendían pescado. Luego camarones secos y frescos. Vendedoras de frutas. También semillas. Unas con lana y algodón. Muchachos de clase alta negociando palomas y junto a ellos, aves de corral. En la hora punta, 7am, «debe haber unas mil mujeres siempre sentadas vendiendo». Quizás el triple de compradores, casi todas señoras y niñas. Pocas docenas de indios varones y tal vez cien hombres. Un cura recibía limosnas al rezar en cada puesto.

CENTURIA ANTERIOR A PROMPERÚ…
Dice de Arequipa: «puerta de entrada a esplendores naturales que invitan al viajero y al amante de la naturaleza a venir». Afirma que le fue agradable la visita. Se alegró también por sus compatriotas que siendo fríos, por orgullosos o modestos en su tierra, se volvían hospitalarios en esta.

Swinglehurst deseaba que lo leyeran sus hijos y lo logró. El menor, Henry Edward, fue también comerciante y escritor. Dedicó esta frase a su padre en 1896 en un poemario que llamó “Valparaiso songs” por la ciudad donde se hizo rico vendiendo acero. «That time he clave the Southern Sea in search for us of brighter lands».

Artículo: Swinglehurst, por Rodrigo Llosa, diario Prensa Regional, Lunes 22 Junio 2026, página 14

Rutas de contrabando de camélidos sudamericanos (puede hacer zoom)
Swinglehurst Valparaíso, Barraca de Fierro. The Chilian Times, Valparaíso 4 Noviembre 1891 & Twentieth century impressions of Chile, Reginald Lloyd, 1915


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