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En cada vuelta del Cahuintala

Cahuintala siglo XIX y restos de su estación 2026

Enfrentar aspectos difíciles, acostumbra a lidiar con problemas y a asumir objetivos mayores.

El facto conocido por todo empresario, lleva a decir que la cervecería Backus, básicamente monopolio de la «espuma dorada» industrial del Perú, le debe su existencia al temple que su iniciador, Jacob Backus, forjó como jefe de sección en el tramo más complejo del ferrocarril entre la ciudad volcánica y su mar: Cahuintala. En medio del proyecto cuprífero Tía María que se desarrolla en la actualidad. 5 minutos de lectura

LOS DOS BACKUS
En la construcción del ferrocarril Mollendo – Arequipa estuvo el ingeniero civil Gerrit Backus como representante del estado peruano, quien supervisó a la empresa contratista de Henry Meiggs donde su sobrino Jacob Backus Meiggs, ocupó la jefatura de Cahuintala, sección que se abrió paso entre abriles de 1869 y 1870. Los dos Backus estuvieron en la inauguración del ferrocarril arequipeño del 71. El siguiente artículo, en unos días, trata de ellos.

Ex vía del tren: Mejía – Cahuintala – Cachendo – Huagri

CACHENDO: CORTES Y TERRAPLENES
Para vencer esa primera cordillera mineral empinada, rocosa, que conecta la playa marina con el desierto de la provincia de Islay, mismo decir de cero a mil metros de altura, se emplearon 19mil barriles de pólvora y alrededor de mil mulas para llevar materiales. 4786 trabajadores en su punto pico según Watt Stewart, cerca de 3mil peones chilenos en la investigación de Alejandro Salinas. Se calcula que en toda la obra trabajaron 10mil personas, la mayoría chilenos, bolivianos y peruanos. Falleció la quinta parte en el proyecto.

LOS MUERTOS DEL SERPENTÍN
El diputado chileno Carlos Walker Martínez pasó por la ruta en 1875 y dejó escrito: «Allí está el triste Cahuintala, sembrado de mil pequeñas cruces que son memoria de los mil trabajadores chilenos que en él han perecido».

La mortandad, sostiene la historiadora francesa Isabelle Tauzin, se debió a enfermedades, carencia de agua y explosiones. Motivos de deserción al que se sumó el negocio del cónsul: colocarlos bajo comisión en la restauración de la ciudad de Arequipa tras el terremoto de 1868. Gerrit Backus sugirió detener al diplomático, condicionar las contrataciones u homologar salarios de obreros en la región a través de la prefectura.

En la prensa chilena de entonces hubo acusaciones sobre maltrato a los obreros chilenos, que al parecer no tenían muchas opciones laborales o, cruzando la frontera, ganaban más. El historiador Alejandro Salinas rescató una declaración del capellán de la obra en 1869. Los trabajadores tenían problemas de alcohol y malos hábitos higiénicos. Así proliferaron epidemias y disputas en los campamentos.

EXTINCIÓN DE UNA RUTA
El tramo ferroviario Mollendo – Mejía – Ensenada – Pampa (alta) de Tambo – Posco – Cahuintala – Cachendo – Huagri – La Joya comenzó su decadencia en la década de 1950, cuando operó la ruta paralela Mollendo – Matarani – Guerreros – La Joya. Y se terminó de extinguir en la década de 1990 cuando Enafer en liquidación vendió durmientes, rieles y tuberías de hierro.

CAHUINTALA 1863
Pienso que su origen toponímico sería deformación o localismo del aymara kayhuintata (cimbrar) o kahuantata (que baila, va y viene). La quebrada es mencionada con ese nombre por Antonio Raimondi, década antes al ferrocarril. Camino de Cocachacra al tambo de madera de la Joya. Ruta ancestral que cruzaba el desierto para llegar a Vitor o Arequipa.

Cahuintala siglo XIX y restos de su estación 2026
Cahuintala siglo XIX y restos de su estación

ENTRE TAMBO Y CACHENDO
Indistintamente se le llamó quebrada de Posco o Cahuintala alrededor del 1900. Más tarde, denominada quebrada de Cachendo porque conecta con dicha pampa. Sector que tuvo mucha ganadería, notorio en las estrías de los cerros y en los muchos corrales, pircados de piedra, de donde proviene el nombre puquina (radical -endo, -ando, Cach-endo, Yar-ando, Moll-endo), frente a quien afirmó que cachi viene del quechua porque hubo salinas. Y ciertamente las tuvo la pampa. Podría ser una mezcla forzada de quechua con puquina, o la ambivalencia descriptiva fina usual en los Andes.

Las estaciones de servicio de Cahuintala y de Posco fueron puntos de recarga para saciar la sed de las locomotoras a vapor. Cahuintala, a mayor altitud que la cercana estación de Posco, básicamente está en el mismo cerro que la carta nacional llama intrusivamente Cabo de Hornos, por la forma, contiguo al cerro Bronce que conocedores del sitio afirman contiene petroglifos.

DESCRIPCIONES DEL PASADO
Todos los viajeros cultos han descrito distinto a Cahuintala: quebrada, cerro, cuesta, zigzag, desfiladero, acaso exageraron los ingleses con la palabra cañón. Traducimos el alemán del arqueólogo médico Gustav Brühl en 1896: «Laberinto de profundos barrancos […] serpenteando innumerables curvas». Según el ingeniero historiador Augusto Orrego en 1911: «Triple envoltura del gran cerro». Como minero chileno añadió: «ingeniería atrevida y admirablemente construida».

Le sorprendió al diplomático Santiago Estrada, acostumbrado a la pampa argentina, que «todas las quebradas han sido niveladas con la piedra desprendida de las montañas», referencia a los enormes terraplenes que nos impresiona también a los cusqueños. Manifestación de la audacia mecánica, como dijo a mi agrado Clorinda Matto de Turner.

La revista Scientific American en 1879 redactó que se podía llegar a ver tres trenes en ese cerro, uno encima del otro. Puede que haya sucedido alguna vez; existe una foto en que se distinguen dos. Una década posterior escribió el poeta arequipeño Edilberto Zegarra Ballón: «después de unos minutos de descanso / en que el caldero su humo denso exhala / el tren, a fuer de fatigado, manso / comenzó a descender por Cahuintala / ya las brisas marinas / oreaban nuestra frente / y se alcanzaba a ver entre neblinas / las olas del gigante / prepotente».

Y AHORA
El cerro de Cahuintala, rodeado por la vía extinta como un rodabolas, tiene nuevos caminos de prospección minera. En su infraestructura de sillar en ruinas, con cuatro eucaliptos sobrevivientes de un bosquecito de cincuenta talados en la ladera, vimos llegar a dos halcones en picada.

La minería no es desconocida en la zona, la quebrada tiene socavones abandonados. Desde la cumbre del Cahuintala se observa el Valle de Tambo y la quebrada de Cachuyo que conduce a la creciente población de Cocachacra. Verá dos grandes fosas, pits o tajos abiertos al frente y quizá un día sea parte del más cercano. Todo conlleva un costo, el mundo requiere cobre e Islay tributará, con pena y alegría, una geografía histórica.

CORONAMOS CAHUINTALA
Sin los ciclistas de Mejía, sin el reto de los hermanos J.P. y F. Patthey, sin las conversaciones con G. Humbser, sin la compañía de G. Carrasco, sin la decisión de dejarlo todo para hacer lento camino propio, no hubiera reconocido su importancia. Con estas líneas honramos su altura costera.

Artículo: En cada vuelta del Cahuintala, por Rodrigo Llosa, diario Prensa Regional, Lunes 8 Junio 2026


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