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SILLAR, NIEVE Y GENTE BLANCA

Rodrigo Llosa Sanz, Sillar nieve y gente blanca

Un ensayo que no busca complacer. 4 tablas numéricas

por Rodrigo Llosa en la Revista del Archivo Regional de Arequipa

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En la última década ha surgido en Arequipa la idea de ciudad blanca como tema racial, mientras otros sostienen que es mito. Busqué al autor más distante que empleó el término «blanca ciudad» como apodo para Arequipa y no encontré alguien antes de la argentina Juana Manuela Gorriti quien lo escribió reiterativamente desde 1869.

Las tres razas, pintura de Francisco Laso, 1859
Las tres razas, pintura de Francisco Laso, 1859, Museo de Arte de Lima
Descendencia predominante en Sudamérica a mediados del siglo XIX. Razas en Sudamérica
Siempre puede hacer zoom con los dedos. Descendencia predominante en Sudamérica a mediados del siglo XIX

Una denominación perdura en cuanto propios y ajenos la consideren válida. Es el sentido de Cusco como ombligo del mundo desde Garcilaso. El caso extinto de Lima como perla del Pacífico. El origen de ese apodo geográfico lo publiqué en el diario Prensa Regional en 13 Julio 2026.

Ni la palabra sillar ni el nombre de Misti ni el apodo de ciudad blanca fueron términos extendidos en el virreinato como los empleamos en la actualidad. Pero hay una influencia en las formulaciones. Hemos recopilado usos documentados para observar sus orígenes como temas relevantes en la construcción de identidad.

Autopercepción étnica de Arequipa 2017 siglo XXI
Autopercepción étnica de Arequipa 2017 siglo XXI

Antes advertiré que empleo la palabra mestizo para quien sea que haya tenido al menos un ancestro nativo, indio o negro. Se dará cuenta que Usted tiene más de un millón de posibilidades de serlo como yo, aunque nuestro rostro pueda ser predominantemente cala, el arequipeñismo de blanco.

Población de Arequipa en 1876 siglo XIX
Siempre puede hacer zoom. Población de Arequipa en 1876, siglo XIX
Conteo de feligreses de 1791, población de Arequipa siglo XVIII
Conteo de feligreses de 1791, población de Arequipa siglo XVIII

1- TOPONIMIA, NOCIÓN MÍNIMA

Podemos remontar teorías sofisticadas de esta ciencia a la necesidad de un pastor para nombrar un cerro. El arriero lo transmite a su hijo que llevará la mercadería. «Detrás del icónico cono» le dice, y allí lo esperan.

Normalmente lo relevante se reitera, y cuando aparecen viajeros, escritores o buenos oradores transmiten esas formas con énfasis en lo que hallan especial. Son también quienes formulan sinónimos que evitan la malsonante redundancia. De esos mecanismos provienen los nombres y sobrenombres que prevalecen.

2- LA IMPORTANCIA DE LOS ARCHIVOS

Perdura un sentido de historiar al estilo ameno de Ricardo Palma. Me parece válido mientras se emplee información cierta. El problema surge cuando se inventan eventos y frases tendenciosas que ponen en boca de personajes históricos, sin remarcar la distancia entre el cuento y el hecho demostrable.

Los conozco bien, como buenos hijos de la nevada se obstinan con ideas en cafeterías, juegan cacho en el Club Arequipa, defienden argumentos con fuentes inexistentes. Jamás han pisado un archivo. Eso sí, hay que admitirlo, tienen basta imaginación para las artes. Atrayentes conversadores.

Si no fuera porque hay doctores en historia que meten la pata como un colegial, yo sería el primero en renunciar a escribir si no se pasara antes por una catedra. Pero sí firmaría una ley que prohíba publicar historia a quien no haya al menos abierto un protocolo notarial. Como debería prohibirse hablar de geografía sin haber subido un cerro. O ser candidato presidencial sin haber sido gobernador o haber administrado al menos una panadería. No por nada los anglosajones hacen clara distinción entre el know (saber teórico) y el know how (saber de verdad por experiencia). En todo caso este último suele decir menos tonterías.

De allí la relevancia de los archivos, fuente de verdad. Frente a lo especulativo de la oralidad de cafetería, está el papel notarial manuscrito, el diario de época, el libro impreso de antaño. Si un comunicador de lujo quiere aportar verdad histórica, tiene que trabajar el doble. Narrativa y contenido demostrable. Escasean esas dos cualidades juntas.

3- BLANCAS CIUDADES

Es cierto que existieron las reducciones o aglomeraciones de indios, cuando no era considerado una especie de insulto. Los españoles juntaron poblaciones alejadas pequeñas en lugares centrales para poder evangelizar y tener mayor control tributario, pero no es cierto que hubo ciudades solo para blancos. Que se hayan formado con los siglos comunidades con predominio europeo es diferente.

De esperarse no ser el único lugar con el apodo. Sucre, notoria por sus edificaciones, fue llamada «la más blanca de las ciudades de América» por el escritor y empresario español Julio de Lazúrtegui después de que conociera también Arequipa en 1923. Apelativo común para muchos lugares del orbe. La capital de Serbia, Belgrado, literalmente significa ciudad blanca por los muros que la rodeaban. Nombre documentado desde el siglo IX, anterior a su tocaya Rusa Belgorod por la piedra de sus edificaciones. Weissenburg similar en Alemania, Baicheng en China.

En 1537 se oficializó Puebla de Santa María La Blanca en Andalucía. El origen es que a un pastor se le presentó una paloma blanca. Ya en 1555 le decían Villablanca por ello. Cuba tiene las villas blancas de Gibara y Caibarién en Villla Clara. También llamadas blancas: Popayán (Colombia), Chicago (Estados Unidos), Ostuni (Italia), Tel Aviv (Israel), Udaipur (India), Biograd na Moru (Croacia), Ashgabat (Turkmenistán), Alger (Argelia).

Como Grecia tiene varias, ninguna monopoliza el atributo. Lo mismo Marruecos, no suelen estar en la lista Asilah y Tanger porque existe Casablanca. En España: Almería, Sevilla, Cádiz. Siempre creerse único es un error, y en una ciudad, torpe chauvinismo.

4- EL CASO DE MÉRIDA EN MÉXICO

La ciudad de Mérida tiene la misma discusión que Arequipa, ¿blancura social o arquitectónica? Si nos apodamos blancos por la población que existía o por la arquitectura de ese color. Existe otra similitud: no estudiaron tampoco los orígenes documentados.

¿Encontramos autores del virreinato empleando el apodo? ¿Acaso no hubo otras villas de gente predominantemente blanca en el continente? Ya lo dijo la antropóloga mexicana Eugenia Iturriaga en 2016 en el libro Las élites de la Ciudad Blanca: no es un acto inocente que clases sociales privilegiadas promocionen el término.

En Arequipa también existen discursos racistas sobre la otredad. No he ahondado como se debe en el origen del término ciudad blanca para Mérida, pero no lo veo tan distante a 1914 cuando María Luisa Ross, en base a un estudio de Francisco Sosa de 1884, escribió sobre Andrés Quintana Roo en el texto Diez Civiles Notables de la Historia Patria. Un precedente de estudio se tiene en el diario californiano Las Dos Repúblicas que dejó impreso «la blanca ciudad de Méjico», 13 Agosto 1879, como también lo escribió José Zorrilla en su cuento Allende el Mar poco luego, aunque no se refieren a Mérida.

5- EL JUICIO AREQUIPEÑO

Promotores de Arequipa como Carlos Zeballos Barrios en 1980 o el historiador Alejandro Málaga Medina en 1985, sostuvieron que el apodo hacía referencia a la arquitectura, al sillar. No todos estuvieron de acuerdo. También entusiastas por Arequipa como Patricio Ricketts en 1990 se pusieron a armar números, en genealogía local como Luis Cáceres Angulo en 2023, intrincados bosques genealógicos, continuó entusiasta en las pasiones César Belan Alvarado en 2026. Los tres escribieron que ciudad blanca tenía un motivo racial. Estuvo convencido también el actor lonco Antonio González Polar quien difundió que a Arequipa se le decía así porque había más blancos. Más blancos respecto a Puno pensé yo.

Plantearon, igual que lo entiende María Eugenia Tomasio al conversar con ella, que durante el virreinato fue una ciudad predominantemente española, con mayor población blanca que habitaba coloridas casas que ocultaron el sillar, como intentan los interiores de Santa Catalina. El historiador Víctor Condori en 2019 le llamó el mito de la Ciudad Blanca.

6- NIEVE EN LA ESPALDA

Sabido es que nos viene la nevada y lo bipolar nos queda corto cuando nos ponemos tercos y de mal humor. Debe ser porque no nacimos a los pies de un volcán, sino de tres.

En el siglo XIX fue usual vincular a Arequipa con la nieve, más bien es raro el viajero que no lo menciona. Habría que estar ciego de espíritu para no relacionar el apodo con el poncho de alpaca volcánico. «Ciudad blanca como las nieves del Chachani» diría María Nieves y Bustamante en 1892. Solo Raimondi podía saber más de nieve que ella; en una caminata por Vitor en 1865 describió la «blanca cabeza» de los volcanes. Arequipa fue socia de la nieve, aunque esta última solo la conocieran de vista como apuntó Zamácola.

Fannie Ward en su Peruvian Picnics de 1891 refiere al Misti cubierto de blanco como los trajes de los sacerdotes arequipeños en las procesiones, aunque hace entender que el atuendo no reflejaba costumbres.

7- ROCA VOLCÁNICA Y SILLERÍA

Ventura Travada en 1750 nos menciona una piedra blanca para la ceremonia de fundación del monasterio de Santa Rosa de Arequipa. En su siglo Europa le decía sillar a cualquier piedra labrada para edificar bajo la técnica de la sillería. Ya lo decía el jesuita alemán Wolfgang Bayers que estuvo antes de 1766 en Arequipa: «ciudad más hermosa del reino» donde viven numerosas familias españolas y tiene un hermoso puente de sillería.

En 1804 Juan Domingo Zamácola y Jáuregui escribió que la fabricación de esta piedra arequipeña es única en ambos mundos. Por ello Francisco Mostajo dijo en 1956: «sillar no tiene en Arequipa el sentido castellano» que es la piedra cortada en bloques para edificación. Hoy solemos llamarle así a la piedra volcánica usualmente blanca o rosa cual sea su forma. Pero el término sillar no fue usual tampoco entre nuestros ancestros. El deán Valdivia en 1847 le denominaba piedra blanca. Como químico sabía de lo que trataba. Poco antes de la guerra con Chile, Enrique Benítes evidencia que en colegios limeños se enseñaba que las casas arequipeñas eran de sillar o piedra blanca.

8- MENCIONES Y DEFORMACIONES DEL SILLAR

En su Memoria de las aguas minerales de Yura de 1827, Mariano de Rivero y Ustariz (1798 – 1857) escribió: «Todos los alrededores de la ciudad de Arequipa se componen de productos volcánicos, tanto es, que sus edificios están construidos con una roca blanca muy lijera, áspera al tacto, que contiene pedazos de pómez, y de lava: se llama en el país piedra de sillar».

Al parecer son los hermanos Paz Soldán con la obra Geografía del Perú de 1862 quienes llevan a confundir el corte de piedra con el material en sí. En la obra se refieren al sillar unas 5 veces en el sentido de materia ígnea. Una frase de muestra: «sus aceras todas están bien enlosadas con una especie de piedra blanca volcánica, llamada sillar». Luego refieren al Misti con su cima coronada casi siempre con nieve.

Antes del terremoto de Agosto 1868 había intención de modernizar la ciudad con proyectos como la construcción del futuro puente que ahora llamamos Grau. Como consta en los Anales del Cuerpo de Ingenieros del estado, Teófilo Fioretti analizó las propiedades del sillar en Marzo 1868 para el puente en mención. El historiador de los materiales de Arequipa, Junior Bernaola, podría darnos una catedra al respecto.

9- CASAS BLANCAS

Frente al argumento de que los hogares arequipeños estaban pintados de colores como hoy los interiores del Monasterio de Santa Catalina, leemos en diversos relatos de viajeros del siglo XIX la descripción de una mayoría de edificaciones blancas.

El marino holandés Jacobus Boelen en 1826 escribió que las casas de Arequipa fueron construidas parecidas a las de Lima: muros enlucidos pintados de blanco por dentro y por fuera. Lo mismo opinó Friedrich Meyen en 1831: que las casas están «pintadas de blanco» y los techos eran planos. En 1847 la expedición de Francis de Castelnau refiere «casas blancas». Lo mismo Markham en 1856: «Las casas están construidas con una piedra volcánica de color blanco», «siendo cada casa del blanco más deslumbrante». No podía faltar la opinión de Heinrich Witt en 1859, casas construidas con blancos bloques.

Al parecer hubo cuadras coloridas posteriores, pero no parece haber sido la mayor parte de la ciudad. Omito hacer análisis con las fotografías iniciales en blanco y negro porque me parece debatible a simple vista determinar lo que estaba blanco, azul o rojo de lo que no. La mayoría de iglesias y monumentos se conservaron en color natural, como muros, pircados y evidentes canteras de sillar.

10- EPÍTETO DE AREQUIPA

La primera vez que veo el apodo arequipeño es en el relato llamado Un Año en California o La Leontina de la argentina Juana Manuela Gorriti en 1869: «Arequipa, la blanca ciudad de las mil cúpulas». Varios de sus biógrafos han confundido el relato ubicándolo en 1864 como lo corregimos en Prensa Regional, 20 Julio 2026.

Gorriti conoció Arequipa poco antes de 1850 y retornó poco después de 1870. Fue esposa de un presidente boliviano que bien podría llamársele indigenista. Por los allegados que estudiaremos luego y el análisis de sus cuentos, podemos afirmar que le llamó la atención un lugar con sillar y nieve. Discuto si acaso le impresionó una concentración mayor a lo habitual de gente blanca. Lo que es seguro es que su amplitud literaria e intelectual merece detenerse a analizarlo.

11- DEMOGRAFÍA DE LA CIUDAD, 40% blancos

Los autores que visitaron Arequipa en aquellas décadas notaban sus evidentes atributos: ceniza blanca en las botas desde el puerto, cumbres nevadas desde el desierto, elementos de piedra volcánica en los tambos, ser recibido por pircados, muros, pisos, veredas, un majestuoso puente y edificaciones blancas. Habría que ser ciego para no distinguirlo o sordo para no escucharlo de viajeros. La litografía de Ferdinand Delamare en 1864 parece terminar por desmantelar el argumento de que todas las casas arequipeñas estaban pintadas de colores. Aunque el francés no visitó Arequipa, Mariano Paz Soldán le proporcionó material visual para elaborar esa impresión que tuvo el mundo de la ciudad.

Población de Arequipa en 1876 siglo XIX

Veamos el censo nacional de 1876. El encargado Aurelio García y García determinó relevante consignar raza y especificó que mestizo «comprende todas las mezclas sin distinción». Es interesante porque los censos de Chile en 1865 y Argentina 1869 no contemplaron la raza y solo se pueden ensayar gruesas especulaciones a partir de datos virreinales.

El censo de 1876 hizo un estudio por raza predominante de cada distrito. El de Arequipa tenía 28,6mil pobladores, el cercado 21,5 mil, la provincia 59,7 mil, el departamento 157 mil. Lo relevante para este ensayo: el porcentaje de blancos de la ciudad estuvo entre 40% a 48%. Aunque probablemente dentro de los blancos censados hubo mestizos que tenían predominancia genética y cultural blanca. Por ello 40% me parece un número medio razonable de predominancia genética blanca. Lo demás se puede estudiar de la tabla elaborada. Como comparación, el distrito de Cajamarca en los andes es conocido también por tener gente “blancona”; en 1876 solo tenía 19% de blancos, 27% mestizos y 53% indios.

12- BLANCURA TONAL, ¿CÓMO MEDIMOS LA RAZA?

En 1851 José María Dalence publicó el Bosquejo Estadístico de Bolivia donde determinó la proporción entre indios y blancos para cada ciudad boliviana. El autor incluyó dentro del concepto blanco a los mestizos. Bajo el siguiente criterio: «los hijos de blanco e india son en todo idénticos a su padre; sin embargo, suelen ser a veces un poco trigueños y mostrar algunos rasgos lijeros característicos de su madre». Añadió páginas luego: «parece el color blanco destinado a absorber al cobriso [sic]». Es decir Dalence consideró que los mestizos tenían predominancia genética blanca.

En 1869 se dio el primer censo argentino, el superintendente del proyecto, Diego de la Fuente, argumentó por qué decidieron no estudiar la raza de su población: «El color no se tomaría ni aun con mediana exactitud entre nosotros. Siempre habría confusión, poniéndose como blancos muchos mestizos, y al contrario […] este dato ha perdido y pierde su importancia, de día en día, entre nosotros, por la fusión de las razas».

En 1778 Buenos Aires tenía 24% de afrodescendientes y un 68% de españoles entre blancos y mestizos. En 1869 contenía 178mil pobladores con un 30% de extranjeros, sobre todo italianos. Salta, donde creció Gorriti, seguía siendo una pequeña ciudad mestiza de 17mil personas con un 3% foráneo. En 1846, cerca a cuando Juana Manuela abandona Bolivia, las ciudades de Tarija, Cochabamba, Sucre y Santa Cruz, en ese orden, tenían mayor proporción de gente blanca.

Encontrar comunidades con predominante tez no fue inusual para un lector y viajero sudamericano del siglo XIX, salvo fuésemos albinos. Este otro gráfico que bien podríamos llamar ecléctico porque lo elaboré mezclando diversos datos de mediados del siglo XIX para tener alguna noción de cómo era el continente entre los años que Gorriti conoció Arequipa, muestra que la eurodescendencia era similar a la amerodescendencia que también podríamos llamar nativodescendencia. En otras palabras la población arequipeña era mestiza con características demográficas similares a Mérida, a Sucre, a Santiago y a Lima, pero menores en proporción blanca a Buenos Aires o Montevideo. En esta taza de leche con chocolate y canela, preguntarse cómo se ve la olla puede seguir siendo intrigante.

Descendencia predominante en Sudamérica a mediados del siglo XIX. Razas en Sudamérica
Siempre puede hacer zoom con los dedos. Descendencia predominante en Sudamérica a mediados del siglo XIX

En el censo peruano de 1940 se preguntó «¿es blanco, indio, negro, amarillo o mestizo?» Una nota del informe explicó por qué en los reportes finales estadísticos juntaron en un solo número las razas blanca y mestiza por distrito. «No obstante el esfuerzo de los empadronadores y la buena voluntad de la población, la revisión de las respuestas a esa pregunta demostró que en el acto del empadronamiento sólo fué posible diferenciar claramente a los individuos de raza india, negra y amarilla, mientras los nacionales de raza blanca y mestiza se confundían con frecuencia».

En del distrito de Arequipa este número fue de 90% (56 mil pobladores de 62 mil), los demás se autodenominaron indios, negros o amarillos (asiáticos). En Arequipa ya lo había advertido Málaga Medina: no solo la raza blanca participó en la fundación de Arequipa, sino la raza aborigen en número elevado. Añado yo: con los siglos dejó de ser sencillo determinar quién era cuál como ya lo sabían Chile y Argentina.

13- ¿UNA ARQUITECTURA BLANCA ATRAE BLANCOS?

Mérida, Sucre, Arequipa… ¿será que las ciudades con arquitectura blanca por efectos sociales llevan a que más gente blanca viva en ellas? No me parece descabellado plantearlo. Los ámbitos geográficos y culturales también atraen grupos humanos diferentes. Lo saben los especialistas en turismo, hay ciudadanías del orbe que priorizan visitar ciertas localidades. Puede que el desmedido orgullo arequipeño tenga origen en ello, concentraciones con sesgos similares.

Me llamó la atención una entrevista que le hicieron a adolescentes arequipeñas de clase media en una fiesta de quinceañera en el 2026. ¿Cómo es tu hombre ideal? Algunas respondieron como prioridad: blanco.

14- EL CONTEO DE FELIGRESES DE 1791

Este mal llamado censo, no fue un empadronamiento casa por casa, sino una consolidación de registros parroquiales alrededor del año en que nació la generación del poeta Melgar. Podríamos inferir de Travada que en el siglo XVIII el 80% de 30 mil habitantes era española. Guillermo Galdos Rodríguez lo nota: «no figuran los mestizos que posiblemente han sido añadidos a los blancos».

Una década después de Travada, Zamácola calculó 50 a 60mil habitantes entre Arequipa y pueblos aledaños con similar porcentaje de españoles al de Travada y un resto de «indios muy civilizados».

El historiador Kendall Brown tuvo claro que Travada se refería a españoles y mestizos indistintamente, pero comete un error: hizo una tabla con datos de la famosa visita del intendente Álvarez y Jiménez que cuenta 22 mil pobladores sin contemplar indios, cuando en realidad el número rondaba 23,5 mil como lo mostramos en la tabla elaborada al añadir a los nativos de la parroquia de Santa Marta. No se calculan porcentajes si no se conoce el total de la torta.

Para corregir a Brown podemos citar a Tadeo Haenke y a Hipólito Unanue. Haenke hizo énfasis en su Descripción del Perú que había un gran número de familias españolas. En todos estos casos habría que hacer distinción entre mestizos con predominancia europea y mestizos con predominancia nativa, visualmente cholos. En todo caso ese porcentaje elevado de blancos tampoco es inusual en muchas ciudades sudamericanas del siglo XVIII. Que lo demuestre alguna tesis porque el Archivo Regional tendría que imprimir otra revista para este tema.

Decir que Arequipa tenía 71,4% de españoles o blancos es un error. A lo sumo era 67% en el Cercado y 61% en la provincia. De todas formas una proporción inusualmente alta y sospechosa frente a declaraciones de autores como Witt o Tristán en décadas cercanas (capítulo 25) y al censo de 1876, lo que lleva a hacernos preguntas antes de precipitarnos a opinar como escribió Patricio Ricketts Rey de Castro en 1990: «resulta exagerado hablar de mestizaje como característica arequipeña de la época. Arequipa fue blanca, no mestiza».

Conteo de feligreses de 1791, población de Arequipa siglo XVIII
Conteo de feligreses de 1791, población de Arequipa siglo XVIII

15- ¿UN MESTIZO ERA ESPAÑOL?

Para Travada y para Zamácola fueron lo mismo. Durante el virreinato un peruano que hablaba castellano y participaba como vecino o ciudadano, cual sea su color de piel, solía ser considerado español en la idiosincrasia de quienes contabilizaron indistintamente blancos y mestizos. Por ello es probable que la categoría de “español” en el conteo de 1791 haya mestizos con predominancia genética blanca. Y la categoría “mestizo” del mismo conteo hayan tenido predominancia genética nativa o india.

En la lectura de estadísticas virreinales hay un frecuente error: interpretar que alguien que se denominaba español era blanco. Los archivos arzobispales revelan variados casos de mestizos, que en el presente bien podríamos llamar cholos, a quienes se les consideró españoles, por ser blancos en términos culturales.

Hay variados estudios al respecto, se da cuenta quien sea que husmee demandas parroquiales. El matrimonio entre españoles e indígenas de casta fue usual. El movimiento social ascendente de mestizos no fue extraño. Que en la época borbona se haya inmiscuido la mentalidad francesa, es historia posterior a la mentalidad de los reyes católicos y de los Habsburgo. Por otro lado, coincido con Víctor Condori, se ha abusado del argumento de limpieza de sangre como límite a los deseos carnales de la humanidad.

16- MESTIZOS EN EL VIRREINATO

¿Ha tenido Arequipa mestizos entre los vecinos españoles renombrados? Sí claro, varios. Santiago Martínez nos cuenta el caso del alcalde en 1555 Francisco Grado que tiene una hija mestiza, Guiomar Maldonado y ella casa con el hijo de otro alcalde. Como estudia Andrea Ocampo: un hijo de Garcí de Carbajal, también los del escribano Gaspar Hernández. Muchos esperamos poder leer su investigación pronto. Estudió Dante Zegarra el caso de Ana Palla, la abuela de la mujer más famosa en la historia de Arequipa, Sor Ana de los Ángeles. Y en siglos posteriores sobran los ejemplos. Me consta más de la mitad del Club Mejía y no tan evidente la otra mitad por la tendencia a blanquearse con europeos.

Leo Ugarte y Chocano, hijo del primer director del Archivo Regional de Arequipa, puso una frase no verificada en boca del virrey Gil de Taboada, superior del intendente Álvarez y Jiménez, que supuestamente al ver el número elevado de españoles arequipeños dijo: he aquí una ciudad de blancos. Tradición mítica de historiar como Palma, y para no renegar con Leo, quien es de mi agrado, me sumo a su estilo en este renglón: Llegada la guerra de independencia nuestras escuelas polarizaron con que español fue extranjero de otro continente, olvidando que abuelos realistas e insurgentes mismo cuerpo fueron.

17- CIUDAD ALBINA ¿APODO RACIAL?

Ya sabemos que no era inusual oír de la existencia de ciudades de arquitectura blanca o con predominio de personas blancas. Lo inusual es que alguien del XIX pudiera conocer personalmente esos lugares. Normalmente uno compara por experiencia. ¿Cuál fue la de Juana Manuela Gorriti?

Sabemos que creció en Salta (Argentina) y se mudó a Tarija. Antes de conocer Arequipa, la escritora vivió en Sucre donde enterraron a su padre. Estas dos últimas ciudades bolivianas eran muy parecidas en proporción de personas blancas a Arequipa, que habría que decir demográficamente no es excepcional.

Si de Tucumán afirmó «blancas cúpulas» y del nevado Illimani «blanca mole», ¿qué tenía Arequipa para que Gorriti la pudiese considerar más blanca que Sucre? Por qué a esta no le dice blanca, sino “Atenas boliviana” por ser cuna de intelectualidad. En la ciudad peruana la nieve era habitual, en la boliviana solo en momentos extraordinarios. Sucre no se construyó con piedra naturalmente blanca, las casas se pintaban de ese color que es diferente.

Al estar involucrada con la prensa, Gorriti tuvo que estar contactada con varias ciudades. No conoció Estados Unidos, pero habló de California. Conocía Arequipa, vivía en Lima, pero recién en la década de 1870 conocería Buenos Aires, ciudad con mayor concentración blanca. Si el apodo fuera solamente racial, se lo tendría que haber puesto a la capital argentina donde todos sabían de su fuerte migración europea.

18- LOS EPÍTETOS DE JUANA MANUELA

Gorriti fue una ávida recopiladora y creadora de epítetos geográficos. A Lima replicó en decirle «perla del Pacífico». Tarija fue su «nívio nido de alondras escondido». En un escrito llamado El Banquete de la Muerte dedicado a Ricardo Palma, Juana Manuela compendia: Tarija «país de las hermosas», Sucre «Atenas boliviana», Potosí «la de cimientos de plata», «la legendaria Paz», Oruro «rica y populosa».

En sus cuentos no detecto las palabras mestizo ni criollo. Usa poco la palabra cholo, pero extensamente blanco, negro e indio, por supuesto en femenino y masculino. Emplea también oscuro y bronceado para la piel, siempre dentro de sentidos literarios y por ende, caprichosos al arte. Cabe apuntar que en el siglo XIX era frecuente hallar el uso de palabras como mestizo, indio y sierra entre los escritores y viajeros. Poco usual entonces las palabras indígena o serrano.

19- OPOSICIÓN SIMBÓLICA

Sus narraciones suelen vincular al color negro con incertidumbre, peligro y angustia. Mientras lo blanco es lo contrario. Cuando se refiere a personas con piel oscura no las relaciona con la maldad necesariamente, pero subconscientemente sí con el infortunio. Gorriti que buscaba mejores oportunidades para los demás, no podía deshacerse de la idiosincrasia de una época en que las jerarquías raciales seguían vigentes en lo cotidiano. De allí que algunos estudios la consideraran contradictoria.

Tiene muchas frases donde la palabra «negro» no resaltaría hoy del uso habitual. Pero también escribió: «negras bóvedas de vuestro calabozo», «negra boca del hoyo», «negro hacinamiento de edificios», «negra nube de dolores», tiene un personaje llamado Alma-negra que era un verdugo. Un cuento «el mes negro». «Negra ingratitud», «negras visiones del porvenir», «la más negra de las traiciones».

20- ARMAS BLANCAS DE GORRITI

Recopilamos más frases de la escritora: «No me inspiraba el odio que los otros blancos». «¡Blancos! Exclamó, ¡vosotros no tuvisteis piedad de mí!». «Anciano indio, de cabellos blancos y rostro venerable» sobre un cacique de Cusco. «En vez del blanco, suave y adorable rostro de rosa […] los ojos ardientes y los dientes blancos de una negra». «Sus blancos dedos preludiaron una melodía». «Y el blanco labio de la moribunda». «Si hay nombres que coinciden admirablemente con las cualidades individuales de las personas que los llevan, el de Blanca, dado a esa joven, era uno de ellos, porque su tez, de un blanco diáfano y azulado, oscurecía la transparente gasa de su ropaje».

«Era de mediana estatura, blanco, de buen color, pelo castaño, barba y bigotes rubios». «Cuando los pérfidos blancos tenían al Inca prisionero». «Sombrero de alpaca blanca». «Vestida de blanco como la virjen que sube al lecho nupcial».

21- JUANA NEGRA, MANO BLANCA

La contradicción reside a nuestros ojos que viven otro tiempo. Si bien Juana Manuela creía en los derechos de indios y negros, no pudo escapar de frases y nociones de época. Y eso también lo vivimos ahora. ¿Acaso no seguimos reproduciendo sentencias? No necesariamente hay una mala intención. Muchos solemos condenar expresiones ofensivas públicas, pero en la confianza del hogar hacemos bromas de idiosincrasia que podrían clasificarse como clasistas y racistas, tanto a rubios, mulatos o cholos. De la misma forma que podemos burlarnos de la sotana de una monja parecida a un pingüino o la torpeza de un borracho, sin que eso signifique que estemos contra una religión o nos despreocupe el alcoholismo.

Finalmente no olvidemos que Juana Manuela se manifestaba a través de personajes literarios, imaginando cómo podría ser cada quien. La enorme ventaja de hacer literatura y poder decir lo que da la gana.

22- USO PARA AREQUIPA

Entre otras frases ya expresadas en el artículo Blanca Ciudad 1869, Gorriti escribió: «Sentada a la falda del majestuoso Misti, la blanca ciudad de amorosas tradiciones». «Arequipa es, lo he dicho en otra parte, una metrópoli oriental, trasplantada de las riberas de la Siria a las floridas orillas del Chili», muestra una dimensión geográfica, arquitectónica, ¿acaso demográfica?

No parece que Gorriti se haya referido a una ciudad particularmente blanca en cuanto proporción de habitantes. Si acaso incluyó esa dimensión tuvo que haber sido con mofa a su élite educada, porque sus cuentos suelen tener al mestizaje como realidad y valor, más allá de sus frases controversiales para nuestra época. Su tiempo estuvo marcado por la experiencia arequipeña de Flora Tristán y el retrato de los adinerados como su tío Pío.

23- ¿BLANCA CIUDAD COMO MOFA?

Las contradicciones de Gorriti en el ámbito del clasismo y racismo han sido estudiadas por varias mujeres: Masiello 1993, Denegri 2003, Ferreira 2025, entre otras. Gorriti actuó en su tiempo de manera maternalista, con frecuencia idealizando o criticando a la sociedad desde el salón. En el equilibrio de buscar reflexión cívica, realismo literario y dramatismo romántico, terminaba exaltando el arte en el límite de lo políticamente correcto.

Más allá de lo fangoso que puede ser analizar arte como si fuera antropología, mismo que la élite intelectual peruana le hizo a Arguedas en las famosas mesas redondas limeñas, el humanismo de Gorriti puede llevar a imaginar poco probable que haya estampado el apodo sin pensar en sillar, nieve y gente blanca. Desde inicios del siglo XIX intelectuales hicieron crítica y mofa de la superficialidad de las élites peruanas. Recordemos lo que opinó Humboldt de Lima.

Puede que Juana Manuela haya calculado las implicancias. Será un debate eterno si hubo o no intención racial en la frase. Imagino su sonrisa porque es lo que busca la literatura, prolongarse en el tiempo a través de la falta de respuestas. Eso sí, como arenga racial podemos descartarlo por el análisis de creencias, entornos y vivencias de Gorriti. A lo mucho se puede debatir como una dimensión en cuanto guiño sugerente travieso o mofa a la idiosincrasia local.

24- LOS AMIGOS AREQUIPEÑOS DE GORRITI

Después de las tertulias limeñas que organizó la escritora desde 1876 es fácil ver sus conexiones con varios arequipeños. Antes de 1869 Juana Manuela Gorriti (1818 – 1892) fue amiga y contemporánea de Francisco Laso (1823 – 1869), José Tejeda (1826 – 1873) y Toribio Pacheco y Rivero (1828 – 1868), sobrino del científico arequipeño Mariano de Rivero y Ustariz, quien estudió y difundió en círculos cultos a la piedra sillar.

Mariano no fue cualquier intelectual. Humboldt lo recomendó a Simón Bolívar como estudió José Deustua en 2017. Puede que se hayan conocido con Juana Manuela antes de que él partiera a Francia. Si ella no vio la verdadera dimensión de la roca volcánica por sí, tuvo que haberlo notado en las frases de ese círculo culto arequipeño.

Toribio participó en la fundación de La Revista de Lima donde escribían también Juana Manuela y el tacneño Francisco de cuna arequipeña, hijo del influyente político Benito Laso. Benito estuvo casado en segundas nupcias con la tía de quien sería presidente, Francisco García Calderón, que conocía a Gorriti como se demuestra en el libro Misceláneas de 1878.

Similar el caso de Tejeda que nació en un pueblo aurífero en Condesuyos, pero estudió en el colegio Independencia donde fue director. A Francisco Laso se le considera precursor del indigenismo pictórico. Tejeda y Pacheco incentivaron la educación de las clases populares.

Las tres razas, pintura de Francisco Laso, 1859
Las tres razas, pintura de Francisco Laso, 1859, Museo de Arte de Lima

25- HISTORIA DE PERCEPCIONES

No pareciera haber duda de que la ciudad era predominantemente de tez blanca cuando el joven religioso y dibujante canario Antonio de Pereyra y Ruiz dejó escrito en 1816: «la gente arequipeña es generalmente de buena estatura, de facciones labradas, color blanco que tira a rubio». Pero se contrapone Heinrich Witt quien en 1824 escribe en su famoso diario que de los 30 mil arequipeños los más son cholos: «the proportion of really white people is very small». El médico y naturalista Friedrich Meyen dio la misma cifra 30 mil, aunque añadió que no conocía un censo oficial. Percibió en 1831 que las mujeres se distinguían «por su belleza y su deslumbrante tez blanca». Al parecer se pintaban mucho.

En otra página Pereyra se refirió al color arquitectónico de la ciudad, mismo en el que hizo énfasis Meyen y Flora Tristán en 1834 por las casas y aceras blancas. Veredas de piedra volcánica que el ingeniero Malinowski propuso cambiar tras las revueltas cercanas a 1858 aunque quedaron diversas. La francesa calculó que la mitad de la población era indígena y una cuarta parte blanca. Imagen distinta a las de Pereyra y Meyen tiene Flora cuando de las arequipeñas dice: «pasaban por blancas, aunque su piel fuera del color del pan de especias». Otros tradujeron piel canela. En todo caso, color marrón, para no caer en eufemismos. Misma piel usual en la ciudad de Cusco donde yo era considerado muy blanco, aunque en Arequipa no tanto.

El censo 2017 registró 1,3 a 1,6% de blancos en el Cusco. En el último censo nacional de 2025 estuve el día que visitaron a mis padres en la ciudad imperial. A la pregunta de clase o raza que el INEI maquilla con la frase «por sus antepasados, costumbres o tradiciones se siente o considera…» mi padre, notoriamente arequipeño, con barba y piel blanca, respondió mestizo. En mi familia sabemos que es culturalmente cierto, mezcla de characato por Llosa y García, de este último intuyo algún ancestro indígena, suizo por Isenrich e italiano por Lomellini, aunque si por él fuera, griego. El encuestador de piel marrón lo vio con absoluta sospecha y dijo lo que marcó en la tableta digital: le voy a poner blanco.

26- MENCIONES POSTERIORES DEL APODO

¿Un uso racial acaso subliminal pudo haberse inmiscuido en el epíteto arequipeño posteriormente? Imaginemos la intención en el contexto de las frases recopiladas de la literatura histórica.

No hallo manuscrito ni fuente impresa que contenga el sobrenombre antes de Gorriti desde 1869. Lo vemos de nuevo en la inauguración del ferrocarril registrado por Antonio Urízar, un corresponsal, probablemente ella, escribió el 8 Enero 1871: «y la blanca ciudad iba desapareciendo y hasta el Misti se cubría de pardos nubarrones». El apodo reaparece en el semanario El Correo del Perú en 1872, en las cartas de un «joven trasandino» que empleó el pseudónimo de Ali que demostré era Gorriti: «Dejé la blanca ciudad en una mañana de febrero […] los blancos pueblecitos de las inmediaciones se destacaban […] como la blanca flor de la azucena». El mismo periódico en 7 Octubre 1871 publicó un artículo sobre el Misti, Arequipa estaba de moda por el tren que esparció su cultura.

Jorge Polar en su descripción y estudio social de 1891 escribió: «a la orilla del río, casi en el centro de la comarca, está la ciudad, blanca, como hecha de espuma o de lava o de alabastro». Solón Bailey en 1896: «La ciudad, blanca, con los pueblos inmediatos, parece una mano extendida. Toda la campiña está a la vista, tan pequeña en comparación a las pampas y montañas interminables». Emilio Delboy en 1912: «Arequipa la ciudad blanca del ensueño». Ladislao Cabrera Valdés en 1924: «Llegados ya al valle de Arequipa se ve por todas partes el terreno volcánico […] La ciudad blanca está edificada con sillares de una de esas pastas volcánicas». El cholo arequipeño Francisco Mostajo: «blanca ciudad y verdes campos», «mística ciudad de blanca piedra […] Arequipa alba necrópolis». Alberto Hidalgo, 1937: «blanca Arequipa tan blanca que aún de noche eres clara». «Arequipa, blanca ciudad de las rebeldías legendarias» quedó apuntado en el Diario del Senado de 1944.

José Santos Chocano conjuga el sentido de la nieve con sillares, nubes, palomas y ropa en el poema La Ciudad Blanca, visión de Arequipa 1922: «Arequipa la blanca ─que está hecha de espumas de volcán o de copos de nieve». En 1929 Jorge Basadre: «blanca ciudad, patria del yaraví, de la chicha, del picante y de las revoluciones». El cura Santiago Martínez en 1931 escribe blanca ciudad y en años posteriores indistintamente, ciudad blanca. A otros como Eusebio Quiroz Paz Soldán 1988 tampoco les importó el orden sustantivo que emplea Edmundo Escomel en 1940 y en el 47, José Luis Bustamante y Rivero. En el siglo XX se usa en el común de los escritos sobre la ciudad. No hallo una referencia políticamente incorrecta o un contexto absolutamente racial.

Remata con claridad el editor gráfico Fabio Camacho en 1939: «La ciudad blanca la llaman y no sin razón. Surge blanca con sus construcciones hechas con típica y alba piedra». Color descriptivo geográfico. Muestra una decena de fotos de la Arequipa monumental en su libro Estampas del Sur del Perú. Ni los arcos ni la Catedral ni la Compañía estaban pintadas.

27- EN EL HIMNO

Benigno Ballón Farfán compuso el vals Melgar con letra de Percy Gibson en la década de 1910. Todos la sabemos: «Blanca ciudad de eterno cielo azul […] aquí dejo mis sueños». Más sugestivo parece el himno vigente de 1940: «a la blanca y heroica ciudad». La letra la ganó por concurso Emilio Pardo del Valle quien el mismo año publicó un poemario en Puno. Presidía el jurado César «Atahualpa» Rodríguez. Su presencia, en mi opinión, aseguraba la calidad literaria.

Supongamos que la intención del cala Pardo fue una arenga racial en pleno auge indigenista. Según su prima Adela Pardo sus allegados culturales fueron: Luis de la Jara, Ernesto More, Guillermo Mercado, Manuel Gallegos Sanz y, entre otros, Vladimiro Bermejo que dijo en 1950 «ciudad construida de blanco sillar».

Cualquiera que revise textos de los mencionados encontrará poco probable que hubiese avalado el sentido discriminante. La mayoría era indigenista, y los que no, amigos de todas las sangres. More era cercano al apodado cholo Vallejo. ¿Entonces por qué hay un grupo de arequipeños blancos que defienden la frase como emblema racial?

28- FUERTE MIGRACIÓN INTERNA

En los estudios bioantropométricos de escolares del colegio Independencia de Arequipa en 1948, el antropólogo Julio Pretto escribió: «Es necesario indicar que en Arequipa el mestizaje tiene mayor proporción de raza blanca que en las otras provincias». Había más estudiantes blancos, aunque la mayoría era mestiza, y en promedio los alumnos de Arequipa eran más altos que los de Lima.

Eso fue cambiando con la fuerte migración andina de las décadas siguientes. No debería sorprender que de esas generaciones haya salido gente que vivió el ocaso de Arequipa como ciudad donde los blancos predominaban en la élite política, económica y cultural. Poder que fueron perdiendo. Aquellos tiempos en que un apellido aseguraba un puesto de oficina. Mismos que se indignan si es que uno dice que Arequipa es serrana. ¿Cómo le vas a decir eso a un hijo de Arequipa la blanca…?

Recuerdo que en un proyecto de Chilina quise denominar a un punto de una caminería Mirador de Serranías. Se armó la controversia y no permitieron el nombre. Sí claro que Arequipa fue clasista y racista, pero conservadora. No imagino a un arequipeño de vieja casta insultando a un chacarero, a un lonco, pero sí guardando distancia.

La élite económica y empresarial arequipeña aún es predominantemente blanca, pero ya no es la élite política ni cultural. En el censo de 2017 la provincia de Arequipa se autopercibía 56% mestiza, 30% quechua, 5% blanca, 3% aymara, 2% afro, entre otros. El distrito de Arequipa 10% blanco, solo superado por Yanahuara con 11%. A Agosto 2026 los resultados definitivos del censo 2025 aún no han sido publicados por INEI, solo el compendio inicial.

Las opiniones negativas de la casta arequipeña se desbordaron con la migración del altiplano que fue quitándole piso a la elite pasiva que no pudo mantener orden en la ciudad. ¡Arequipa blanca! recientemente se ha tornado en el grito melancólico o de fracaso de un segmento en extinción. Como dijo Alberto Guillén «de mi aldea Arequipa sé decir…»

Autopercepción étnica de Arequipa 2017 siglo XXI
Autopercepción étnica de Arequipa 2017 siglo XXI

29- AREQUIPA SERRANA

Aprovechemos para desarticular otro mito. Charles Wiener estuvo en Arequipa en 1877. En su Pérou et Bolivie de 1880 escribió: «Arequipa incluso se declaró ciudad costera, negándose a reconocer los 160 kilómetros que la separan del mar. Este chauvinismo, que puede tener sus aspectos ridículos, se justifica en ciertos aspectos».

A la ciudad no llegaron los andinos, Arequipa siempre fue andina. En donde se hagan calicatas se van a encontrar entierros prehispánicos. Ya sea en Challapampa o Selva Alegre. Sin ahondar en que fue una ciudad de arrieros, un “hub” andino. Seré externo para ensayar neutralidad: como a muchos arequipeños les acompleja que les digan serranos y cholos, porque así insultan los limeños y en espejo ellos a otras provincias, suelen decir que su ciudad no es costa ni sierra, sino cuesta. Lo que cuesta admitir una verdad.

30- APODOS ANDINOS

A quienes nos gusta conversar en los pueblos, quienes hemos estudiado quechua, quienes sabemos de toponimia, quienes nos consideramos cholos y serranos más allá de parecer blancos o, en mejores términos, no nos avergonzamos por cojudeces, sabemos que los andinos suelen tener una concepción amplia de los significados.

Algunos lo llaman dual, llamémosle multidimensional. Los buenos apodos y topónimos quechuas y aymaras suelen tener varios planos de significado. Arequipa, núcleo comercial de los Andes, nunca fue una isla. Creer en verdades únicas obsesiona con la mono dimensionalidad de las cosas.

31- CONCLUSIÓN

Para evitar que me tergiversen. Durante el siglo XIX en que se generó el sobrenombre «blanca ciudad», Arequipa tuvo una concentración mayor de gente blanca respecto a otras ciudades del Perú, similar a Lima. Aunque a nivel hispanoamérica hubo varias ciudades que tuvieron proporciones parecidas como Mérida, Sucre o Santiago, sin que ninguna sobrepasara a Buenos Aires o a Montevideo. Sin embargo, el origen y posterior uso del sobrenombre de ciudad blanca para Arequipa guarda poca relación con su demografía, y se debe a la arquitectura de sillar y a la nieve que solían lucir sus volcanes como hemos analizado en varias dimensiones en este ensayo.

Es distinto que descendientes de familias blancas hayan acoplado estos dos conceptos en las últimas décadas dando la apariencia de connaturalidad, como una característica congénita para marcar territorio ante una migración interna del altiplano que ha incomodado por el desborde en el ordenamiento de la ciudad.

¿Seguirá denominándose «blanca» con las décadas, aun cuando la autopercepción blanca retrocede al ritmo de la nieve de los volcanes y del menor empleo del sillar como material representativo de una ciudad que se expande galopante? ¿O perderá su categoría como ya nadie llama a Lima perla del Pacífico?

32- AREQUIPA TODA

Eleodoro Ventocilla escribió en su Sentido de la Provincia de 1944: «la ciudad de sillar, Arequipa, la ciudad chola por excelencia y, por tanto, peruana innegable». Ni Cáceres ni Belan ni Llosa ni Vargas ni López de Romaña ni Patthey ni Mejía ni Bedoya ni Bustamante ni nadie con casa en Mejía con líneas colaterales antiguas es 100% europeo. Que me muestre una prueba de ADN el blanco que levante la mano.

Ya lo veo a don Luis Cáceres, orgulloso descendiente del encomendero de Chule, Alonso de Cáceres, llamándome atronador a reclamar. Mi respuesta será la misma: ¿No es serrana Arequipa? ¿No es de origen profundamente cholo? Los arequipeñismos lo delatan. Un estudio genealógico serio de cualquiera que tenga un apellido antiguo en Arequipa, Lima, Cajamarca o cualquier ciudad del país le haría ver su sangre indígena.

Son 5 siglos de mestizaje, es poco probable que uno de sus 64 abuelos en solo 6 generaciones pasadas no sea o español o nativo. Desde la conquista vamos unas 20 generaciones, es decir Usted tiene por algún lado de su huerto más de un millón de posibilidades de ser indio o español. Tranquila señora, respire, a estas alturas no le va a dar soroche. La canela se puede perder en la leche, pero sin ambas no habría quesohelado.

A la Arequipa tradicional, aún con resquicios de mojigatería, lejos de intentar inflarle el ego con falsedades y especulaciones de cafetería, lo que hay que hacer es tirarle un balde con agua fría, a ver si sus universidades, clubes y centros culturales despabilan. ¿Un país puede desarrollar mentalmente cuando seguimos inventando este tipo de distancias que además son demostradamente falsas?

ENSAYO: Sillar, nieve y gente blanca, por Rodrigo Llosa Sanz, revista del Archivo Regional de Arequipa, número 4, Agosto 2026, páginas 42 – 53

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